lunes, 12 de diciembre de 2016

Cuadro de Mando Integral aplicable a las Empresas Publicas

Según Navarro (1999,33) el término sector publico encierra un conjunto de instrumentos y actuaciones de la Administración Publica, en sus diferentes niveles territoriales, tanto en la provisión de bienes y servicios a los ciudadanos como en su intervención directa como agente en la economía de mercado. Una parte muy importante, y escasamente identificada con el sector público, lo constituye la actividad centrada en las producciones de bienes y servicios dirigidas al mercado, a través de la participación del Estado en empresas. Esta actuación del estado no debe verse como un afán desproporcionado por controlar la actividad económica de las naciones, sino por el contrario como el resultado de una vinculación con el entorno en función del desarrollo. El principal agente que actúa en el sector público es la empresa pública. Navarro (1999,39) la define como “aquellas sociedades mercantiles en cuyo capital sea mayoritaria la participación, directa o indirectamente del estado”.

En efecto, a partir de la promulgación de la constitución vigente, las acciones del estado para profundizar su participación en la economía han experimentado un aumento exponencial, llegando a niveles de competencia directa con agentes económicos privados. Allí precisamente radica la importancia que tienen las empresas públicas en Venezuela, dado que el Estado ha recurrido de manera considerable a la explotación de establecimientos empresariales para cumplir con sus cometidos y para la prestación de los servicios públicos que la Constitución asigna a su cargo, igualmente de esta forma cumple con su obligación de promocionar la descentralización en el país, obligación que se heredó de las anteriores iniciativas del Estado.

El fin último de la creación y sostenimiento de empresas públicas es (una vez establecido que la prestación de servicios públicos es obligatoria por parte del Estado) es la producción de bienes y servicios que aporten de manera sustancial al producto interno bruto, generando las condiciones para revertir el desequilibrio existente entre importaciones y exportaciones, fortaleciendo el producto nacional bruto. Para ello es imprescindible una gestión eficiente y eficaz, que solo se logra a través de la visión sistémica de la realidad actual del país. Debe entenderse que lucro y bienestar social no son conceptos mutuamente excluyentes, que la mejor manera de lograr bienestar es a través de empresas solidas, con estructuras financieras viables y sostenibles en el tiempo, no dependientes del subsidio u otros instrumentos de apalancamiento financiero que solo significan un gasto ineficiente para el estado.
Siendo así, las empresas del estado, desde el momento mismo de su concepción, tienen la posibilidad de valerse de herramientas de gestión mal concebidas desde el punto de vista cultural como aplicables a la empresa con fines de lucro. Herramientas tales como el cuadro de mando integral, que engloba todos los aspectos de una organización a largo, mediano y corto plazo en función de establecer indicadores de gestión claros, precisos, pero a la vez útiles para medir el éxito o fracaso de las actividades cotidianas de la misma.

Muñiz y Monfort (2005,30) definen el cuadro de mando integral como “el proceso que permite traducir los objetivos estratégicos en resultados. La utilización de este instrumento permite a la dirección centrar su atención en lo que considera más importante para conseguir los objetivos estratégicos previstos”.

Saber hacia dónde se pretende ir, que se pretende hacer, que se prevé cumplir, esta dado por el establecimiento de los objetivos, tanto generales como específicos. Tener bien claro dichos objetivos ayuda al momento del diseño del CMI, en función de que los indicadores medirán esencialmente el cumplimiento o no de los mismos. Esto se traduce en estar claro si el objetivo es sostenerse o crecer, minimizar costos o invertir en desarrollo e innovación a mediano o largo plazo; decisiones claves para establecer indicadores claves.

Muchas empresas, tanto públicas como privadas, comparten un mal llamado falta de identidad. Esto se da por la falta de información, o en ocasiones ausencia total de la misma, relacionada con aspectos básicos tales como reseña histórica de la organización, misión, visión, valores, claves para saber de dónde se viene y hacia donde se pretende conducir a la misma. Esta situación, aunada a la falta de relación con el entorno circundante, trae consigo deficiencias en el desarrollo de una cultura empresarial adecuada. Por lo tanto se hace imperativo cambiar la perspectiva cultural, y el CMI es una muy buena manera de hacerlo.

El estudio del ambiente organizacional, tanto interno como externo, tiene en la matriz FODA una de las herramientas más útiles. David (2003,200) la define como “una herramienta de ajuste importante que ayuda a los gerentes a crear cuatro tipos de estrategias: estrategias de fortalezas y oportunidades (FO), estrategias de debilidades y oportunidades (DO), estrategias de fortalezas y amenazas (FA) y estrategias de debilidades y amenazas (DA)”. Los encargados de gerenciar las empresas públicas deben valerse de esta herramienta en aras de proveer bienes y servicios de la mejor calidad a la ciudadanía.

Las cuatro perspectivas aplicables en el diseño del CMI también son objeto de estudio y planificación por parte de las empresas públicas. El aspecto financiero es fundamental; una empresa que no es rentable, no es solida, simplemente no es viable, y las empresas del Estado no escapan a esta premisa. Esto puede verse beneficiado por el establecimiento de un nuevo paradigma gerencial, con tendencia hacia la satisfacción de las necesidades colectivas antes que las individuales o las creadas artificialmente por las culturas consumistas modernas; con apego a la legalidad, a la libre competencia, al cuido del medio ambiente, por nombrar factores claves.

Se puede decir que el Estado se encuentra frente a un reto histórico, el convertir las suspicacias generadas por un modelo económico donde tenga una importante participación la empresa pública en un puntal del desarrollo del país especialmente si esto significa reducir el desequilibrio existente entre lo que consumimos y lo que producimos; principal causa de un sistema económico altamente dependiente del gasto publico. El camino es largo, pero existen ejemplos históricos que conminan a seguir por esta senda, si bien hay que corregir muchas fallas.

Referencias Bibliográficas
Navarro Luna, Javier. Territorio y Administraciones Públicas en Andalucía. Universidad de Sevilla, 1999.

Muñiz, Luis; Monfort Enric. Aplicación práctica del cuadro de mando integral. Ediciones Gestión 2000. Barcelona, 2005.

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