En su obra titulada “La responsabilidad Social de las Empresas y los Nuevos Desafíos de la Gestión Empresarial” Balbín realiza un contraste interesante que permite observar una realidad puntual: desde el punto de vista de las estadísticas económicas, la ultima década de los años noventa experimento un crecimiento sostenido en todas sus facetas: disminución de la inflación, aumento de la productividad, creación de empleos y estabilidad presupuestaria de muchas naciones, en especial las europeas. Ahora bien, el crecimiento era sostenido pero no equilibrado, y las consecuencias negativas lógicas del aumento en los niveles de industrialización fue el medio ambiente. Esto derivo en una realidad económica global donde la brecha entre países ricos y pobres se hizo mayor, y se demostró que el progreso económico tenía directa relación con el crecimiento del problema climático.
En muchas circunstancias es paradójico observar como el crecimiento económico desde el punto de vista general no redunda en beneficios a la masa trabajadora, es común aun ver aspectos tales como la tercerización, el trabajo infantil y otras que vienen a contribuir a esa marcada contradicción entre los resultados económicos globales y las desigualdades sociales. Por una parte se declaran ganancias históricas, y por otra se anuncian despidos masivos producto de recortes en aras de optimizar las estructuras de costos.
Para Balbín, el debate sobre la responsabilidad social de las empresas se enmarca dentro de la crisis derivada del sistema financiero que impero durante las últimas décadas de los años 90, con sus consecuentes efectos en el equilibrio social a principios del siglo XXI. La principal crítica realizada a las organizaciones de impacto multinacional radican en las practicas económicas que solo atendían al principio de multiplicación de las riquezas a cualquier coste, sin tener en consideración el impacto causado al medio ambiente o el conglomerado social que le rodea.
Balbín (2005,19), expone lo siguiente:
“….la responsabilidad concierne a la totalidad de las relaciones de las empresas con los grupos participantes y podría desplegarse en cuatro niveles esenciales. El primero correspondería a la responsabilidad en las relaciones con los trabajadores y sobre la organización y la calidad de trabajo. En el segundo nivel pueden situarse las responsabilidades que afectan la calidad, seguridad y utilidad social de los productos y servicios. La implicación comunitaria constituye el tercer nivel de la responsabilidad, en el que, junto a la contribución de la empresa al desarrollo social, deben incluirse los necesarios compromisos empresariales con la creación y el mantenimiento de los empleos, así como el exquisito respeto a la legislación sobre la actividad económica.”
Sobre ese tercer nivel es que las organizaciones modernas deben aplicar estrategias, especialmente a nivel financiero. Invertir en el entorno ya no es más un gasto innecesario, o una obligación dictada por ordenamientos jurídicos en procura de lograr por medios coercitivos una mayor implicación social del empresariado en el desarrollo no solo económico, sino también tecnológico, cultural, entre otros aspectos. Es una premisa teórica el invertir recursos financieros en el mejoramiento de productos y procesos internos como método para lograr niveles altos de ventas, y por consiguiente de ganancias en función de las mismas. Pero es posible invertir en el entorno que te rodea, y que esto sirva como estrategia para generar valor a la organización.
En Venezuela se está avanzando en esa dirección. Se tienen casos puntuales de empresas públicas, como la Estatal PDVSA, y también empresas privadas como Empresas Polar, quienes a través de la creación de fundaciones sin fines de lucro han procurado devolver a su entorno lo que estas le han proveído en términos económicos: mercados de consumidores dispuestos a satisfacer sus necesidades a través de los bienes y productos por estas elaborados y prestados. Muestra clara esta de que apostar por estrategias que deriven en invertir en actividades de dimensión social es una manera valida de fortalecer la posición de las organizaciones en el mercado, así como de mostrarse como una alternativa en mercados nuevos.
Referencias Bibliográficas
Encabo Balbín, Ana. La responsabilidad Social de las Empresas y los Nuevos Desafíos de la Gestión Empresarial. Universitat de Valencia, 2005.
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